Un hospital incorpora una vía de consulta para que los equipos médicos puedan discutir antes los problemas de salud mental de sus pacientes hospitalizados. Al principio disminuyen las llamadas repetidas y las solicitudes llegan con información más útil, pero dos meses después el equipo consultor recibe más derivaciones de las que puede responder con sus recursos habituales. Algunos profesionales interpretan el aumento como una señal de éxito y otros consideran que el programa produjo una lista de espera. Los dos grupos atienden a consecuencias distintas del programa, que habrá que considerar juntas para decidir qué hacer.

El hospital de este caso es ficticio. Todas las cantidades que siguen se eligieron para construir un ejercicio reproducible y ninguna procede de pacientes, de resultados de un ensayo o de recomendaciones de dotación. La práctica estudiada es una forma de coordinación entre equipos. Su análisis sirve para examinar cómo una intervención modifica las condiciones en que continuará funcionando y deja fuera de su alcance la eficacia clínica.

La situación que recibe al programa

Antes del cambio, las solicitudes de evaluación se registran por una vía administrativa común, en la que un profesional revisa la bandeja, pide información cuando falta y contacta al servicio correspondiente. Los equipos de hospitalización conocen de manera desigual qué preguntas pueden resolver junto con el equipo consultor. En algunos servicios se pide ayuda pronto y en otros se espera hasta que aparece un obstáculo para el tratamiento o para el alta, de modo que la demanda registrada contiene una selección de las necesidades existentes.

El programa introduce una conversación breve entre equipos y un modo compartido de formular la pregunta clínica, con el propósito de que una necesidad reconocida llegue a la instancia adecuada con información suficiente. El documento de trabajo establece quién recibe la solicitud y cómo se confirma que alguien asumió la respuesta. Los problemas que requieren atención inmediata conservan su vía de respuesta clínica, con una priorización que el ejercicio de capacidad desarrollado más adelante deja intacta.

El cambio se suma a relaciones existentes. Una enfermera con experiencia sabe a quién llamar cuando una solicitud parece haberse perdido y un médico conoce qué información suele faltar. Ese sistema informal compensa algunas fallas del formal, pero depende de personas concretas. Al crear una vía visible, el programa puede distribuir ese conocimiento entre más profesionales y también concentrar nuevas tareas en quien aparece como contacto accesible, con lo cual un mismo diseño abre posibilidades de coordinación y crea obligaciones de trabajo.

Hawe, Shiell y Riley (2009) propusieron considerar las intervenciones como acontecimientos dentro de sistemas y atender a los cambios en relaciones y capacidades que pueden producir. En este caso, el enfoque lleva a seguir lo que ocurre después de introducir la nueva vía, ya que el hospital que la ha utilizado durante seis meses tendrá una historia de aprendizaje y unas expectativas distintas de las que tenía al iniciarla. Algunas de sus condiciones iniciales habrán pasado a formar parte de los efectos del programa.

La evaluación parte de una explicación inicial según la cual una pregunta mejor especificada debería reducir los intercambios destinados a aclararla y una responsabilidad explícita debería disminuir las solicitudes que quedan sin respuesta. Ambas proposiciones pueden contrastarse con registros. La expectativa de que mejore la salud de los pacientes exige observar además lo que se hace tras la coordinación y lo que les ocurre después, eslabones de la secuencia que pueden funcionar de manera diferente.

El aumento de demanda tiene una historia

En el ejercicio, el hospital recibe 300 pacientes adultos por semana, de los cuales 45 tienen una situación que podría justificar alguna colaboración con el equipo de salud mental. Esa necesidad es un supuesto definido para el modelo. Antes del programa llegan 18 a la vía de consulta y después la cifra sube gradualmente hasta 30. En este escenario el número de pacientes con necesidades potenciales se mantiene y lo que cambia es la fracción que alcanza el circuito.

La relación puede escribirse como λt=Ntptrt,\lambda_t=N_t p_t r_t, donde NtN_t es el número de pacientes ingresados durante la semana, ptp_t la proporción con la necesidad definida y rtr_t la probabilidad de que esa necesidad termine en una solicitud. Con Nt=300N_t=300 y pt=0,15p_t=0,15, un valor de rt=0,40r_t=0,40 produce 18 solicitudes y, si rtr_t llega a 2/32/3, se obtienen 30. La notación separa el tamaño de la población de los procesos de reconocimiento y acceso.

Las solicitudes registradas pueden crecer por cambios en cualquiera de esos factores. Podría aumentar la gravedad de la población ingresada, variar el criterio de derivación o mejorar el reconocimiento. Incluso podría haber más solicitudes duplicadas. Para distinguir entre estas posibilidades se necesitan los datos de admisiones, una revisión de los motivos y un identificador que reconozca los registros referidos a un mismo episodio, información que el modelo señala como necesaria antes de atribuir una causa.

En el caso, los equipos descubren que pueden consultar sobre situaciones que antes intentaban manejar sin apoyo y algunos empiezan a pedir orientación de forma preventiva. El equipo consultor transmite un lenguaje que luego reaparece en las nuevas solicitudes y que modifica lo que los profesionales consideran una pregunta pertinente. La práctica participa así en la construcción de su propia demanda futura, con un efecto que podría variar entre servicios según su experiencia previa y la disponibilidad de personas capaces de sostener el contacto.

May, Johnson y Finch (2016) describen la implementación como un trabajo colectivo que moviliza recursos y negocia cambios en normas y relaciones. Su propuesta es teórica y formula mecanismos para estudiar cómo una intervención se integra en un entorno cambiante. En nuestro caso, la nueva vía puede cambiar quién asume una tarea, quién puede pedir ayuda y qué respuesta se espera, algo que el evaluador solo podrá comprobar si observa esas negociaciones concretas como procesos en curso dentro del hospital.

También cambia la interpretación de la demora. Una respuesta que antes parecía excepcional puede convertirse en algo esperado. Si el equipo consultor consigue responder pronto durante el inicio, los demás equipos pueden reorganizar su trabajo contando con esa disponibilidad. Cuando la demanda crezca, una demora tendrá consecuencias sobre procesos que ahora dependen de la consulta y que se organizaron sobre las expectativas creadas por la experiencia previa del propio programa.

Un balance semanal permite localizar la acumulación

Comparación de saldos semanales de solicitudes sintéticas y de unidades contables de trabajo según proporción elegible; no describe resultados clínicos reales.
Figura 290.1. Con 30 solicitudes iniciales, una llegada semanal creciente lleva a 48 pendientes tras seis semanas, frente a cero con 18 constantes. La carga didáctica presenta umbral f=2/9. Ampliar SVG ↗

La primera representación es deliberadamente sencilla. Cada solicitud requiere una unidad de trabajo, la capacidad disponible es de 24 unidades por semana y la lista inicial contiene 30 solicitudes. Sea QtQ_t el número pendiente al terminar la semana tt, AtA_t el número de solicitudes nuevas y CtC_t la capacidad semanal. Si todas las solicitudes pendientes siguen requiriendo respuesta y no hay otras salidas, el balance es

Qt=max⁡{0,Qt−1+At−Ct}.Q_t=\max\{0,Q_{t-1}+A_t-C_t\}.

Las respuestas realizadas son Yt=min⁡{Ct,Qt−1+At}Y_t=\min\{C_t,Q_{t-1}+A_t\}. Esta segunda expresión evita suponer que un equipo realiza 24 respuestas cuando solo hay 18 solicitudes disponibles, porque distingue la capacidad, lo que podría hacerse bajo los supuestos del modelo, de la producción, que es lo que efectivamente se hizo.

Para las primeras seis semanas se elige la secuencia de solicitudes 20, 24, 28, 30, 30 y 30, con la que se obtiene la trayectoria que muestra la tabla siguiente.

SemanaPendientes al inicioSolicitudes nuevasRespuestas realizadasPendientes al cierre
130202426
226242426
326282430
430302436
536302442
642302448

En seis semanas entran 162 solicitudes y se responden 144. Sumadas a las 30 iniciales, quedan 48 y el balance cierra con 30+162−144=4830+162-144=48. Durante las dos primeras semanas, mirar solamente la lista sugeriría que el programa está reduciendo o conteniendo el problema. Después, la diferencia entre entradas y capacidad cambia de signo y basta para explicar la acumulación posterior sin necesidad de suponer que el equipo trabaja peor.

En un escenario comparativo en el que las solicitudes se mantienen en 18 semanales, los pendientes serían 24, 18, 12, 6, 0 y 0, con 24 respuestas en cada una de las primeras cinco semanas y 18 en la sexta, para un total de 138. El programa produce seis respuestas más en el período y termina, sin embargo, con 48 pendientes adicionales. Ambas observaciones son compatibles porque cambió el volumen de entradas, una relación que se pierde cuando se compara la productividad sin examinar el flujo de solicitudes.

Las cantidades agregadas ocultan quién espera. Dos listas de 48 solicitudes pueden tener composiciones muy diferentes. Una puede incluir pacientes cuya evaluación está programada de acuerdo con su situación y la otra, solicitudes que nadie revisó. Para analizar la oportunidad clínica habría que conservar fecha, motivo y prioridad, junto con las decisiones tomadas durante la espera. Una demora media tampoco describe bien a las personas que al cierre del período aún no habían recibido respuesta.

Las cancelaciones, los traslados o la resolución por otra vía, si existen, deben figurar como salidas separadas en un balance ampliado Qt=Qt−1+At−Yt−XtQ_t=Q_{t-1}+A_t-Y_t-X_t, donde XtX_t reúne esas salidas registradas y las cantidades han de satisfacer la disponibilidad de solicitudes. Cerrar administrativamente una petición reduce la lista, pero su significado depende del motivo. El ejercicio inicial omite esas salidas para que el cálculo sea transparente, aunque una evaluación real necesitaría distinguirlas.

La capacidad también cambia mientras se trabaja

La cifra de 24 unidades supone un costo constante por solicitud. Después de varias semanas, el equipo puede observar que algunas preguntas requieren una evaluación completa y otras se resuelven mediante una discusión entre profesionales, siempre según una decisión clínica apropiada. Esa diferencia ya existía en potencia, pero es el aprendizaje del circuito lo que puede hacerla visible y dar al equipo un conocimiento nuevo con el que revisar cómo se representa la demanda de trabajo.

Supongamos que una evaluación completa consume una unidad y una discusión elegible 0,4 unidades, en una equivalencia contable y didáctica, ajena a la duración que necesite cualquier atención concreta. Si el 25 % de las 30 solicitudes semanales puede resolverse adecuadamente por la segunda vía, el trabajo nuevo esperado es

L=30[(1−0,25)+0,4(0,25)]=25,5L=30[(1-0,25)+0,4(0,25)]=25,5

unidades por semana. Como se trata de una media esperada, aparecen 7,5 solicitudes en una categoría, cifra que en una semana observada sería siempre un número entero. El cambio reduce el trabajo esperado respecto de 30 unidades, pero todavía excede la capacidad original de 24.

Si se agregan dos unidades de capacidad estable, el margen semanal pasa a ser 26−25,5=0,526-25,5=0,5. Suponiendo que los 48 pendientes anteriores requieren una unidad cada uno, la carga acumulada tardaría 96 semanas en eliminarse bajo un régimen perfectamente constante. La cifra describe lo estrecho del margen en esas condiciones ideales, que en un hospital se verían alteradas por la variación de llegadas, los cambios de prioridad y el trabajo adicional de seguimiento.

La sensibilidad a la proporción elegible puede calcularse sin simular. Si esa proporción es ff, el trabajo semanal será L(f)=30(1−0,6f)L(f)=30(1-0,6f) y para que no exceda 26 unidades se necesita f≥2/9f\geq2/9, aproximadamente 22,2 %. En la igualdad la carga ya acumulada se mantiene, porque reducirla exige un margen positivo. Con f=0,20f=0,20 la carga es 26,4 y el trabajo vuelve a acumularse. El umbral pertenece al modelo y nunca debe convertirse en una cuota de pacientes que los equipos tengan que clasificar para alcanzar una meta administrativa.

Una ampliación temporal hasta 34 unidades, con el mismo escenario de 25,5 unidades nuevas, dejaría un margen de 8,5 unidades semanales para responder la carga anterior. Partiendo de 48, los pendientes expresados como trabajo serían 39,5; 31; 22,5; 14; 5,5 y 0. En la sexta semana solo harían falta 31 unidades para completar el trabajo disponible y, una vez resuelta la acumulación, volver a 26 unidades conservaría un margen de 0,5, todavía estrecho frente a las fluctuaciones.

El cálculo obliga a preguntar de dónde sale la capacidad adicional. Si se obtiene cancelando otra actividad, el sistema ampliado puede conservar la misma carga total con otra distribución. Si procede de horas extraordinarias sostenidas, las condiciones de trabajo pueden cambiar hasta afectar la capacidad futura. Como la unidad administrativa que recibe el beneficio no siempre coincide con la que asume el costo, la evaluación tiene que seguir los recursos transferidos y las tareas desplazadas además de la lista que se quiere reducir.

Lo que el indicador celebra puede haber cambiado de composición

El equipo directivo propone medir el porcentaje de consultas que reciben una respuesta completa dentro del plazo organizacional elegido. El indicador es útil para seguir el circuito si se define qué cuenta como respuesta, desde cuándo corre el plazo y qué ocurre con los casos todavía abiertos. El programa puede, sin embargo, modificar la mezcla de solicitudes y alterar con ello el porcentaje agregado aunque el desempeño dentro de cada grupo permanezca igual.

Otro conjunto de datos construido para el ejercicio muestra cómo ocurre. Antes del programa hay 20 solicitudes, de las cuales 16 corresponden a situaciones que requieren una coordinación más extensa y cuatro a preguntas acotadas. Reciben respuesta dentro del plazo ocho del primer grupo y las cuatro del segundo, con un indicador global de 12/20=60%12/20=60\%. Después llegan 30 solicitudes, 12 del primer grupo y 18 del segundo, de las que se responden dentro del plazo seis y 18 respectivamente, con lo cual el indicador sube a 24/30=80%24/30=80\%.

Las tasas dentro de cada grupo siguen siendo 50 % y 100 %, así que la mejoría global procede del cambio de composición. Que más personas obtengan respuesta a preguntas acotadas puede ser un beneficio, aunque en estos datos la oportunidad de respuesta para quienes necesitan coordinación extensa sigue igual. La decisión de ampliar el programa debería considerar ambos resultados. Si las categorías se definen después de conocer los desenlaces, habrá que examinar también si la clasificación se construyó para favorecer una interpretación.

Un indicador de continuidad puede enfrentar un problema parecido. El registro «plan realizado» podría significar que se escribió una recomendación, que se comunicó al paciente o que otro equipo pudo ejecutarla, de manera que el programa puede aumentar la documentación sin que todavía mejore el paso siguiente. Para localizar dónde ocurre el cambio pueden seguirse estados verificables de la misma solicitud, cada uno con su fecha y con un criterio de cumplimiento que distintos observadores puedan aplicar con razonable consistencia.

La guía de evaluación de procesos de Moore y colaboradores (2015) propone examinar la implementación, los mecanismos y el contexto en relación con la explicación prevista de la intervención. En este caso, seguirla lleva a distinguir una vía poco utilizada de una vía muy utilizada que llega a un cuello de botella posterior. Las entrevistas y la observación del trabajo pueden explicar por qué falta una transición, los registros cuantitativos sirven para estimar su frecuencia y la combinación de ambos responde a preguntas que el porcentaje final deja abiertas.

La evaluación incluiría también la carga para pacientes y profesionales. Una respuesta rápida podría obligar a repetir información en varios lugares o a asistir a contactos cuya finalidad no se entiende. Esas experiencias pueden modificar el uso posterior del circuito, por lo que conviene recogerlas con preguntas específicas sobre lo que ocurrió, sin reducirlas a una satisfacción global. En nuestro caso didáctico, esas preguntas podrían revelar que una solicitud formal fue respondida y que, aun así, la responsabilidad por el siguiente paso siguió siendo ambigua.

Dos servicios adoptan la misma función de formas diferentes

El servicio de medicina tiene una reunión clínica diaria en la que puede incorporar la discusión de solicitudes, mientras que el servicio quirúrgico organiza su trabajo mediante equipos que rotan y no dispone del mismo espacio. Copiar una reunión con idéntico horario en ambos lugares podría generar asistencias muy distintas. La función compartida, que consiste en formular una pregunta y asignar una respuesta, puede apoyarse en rutinas diferentes en cada servicio.

En medicina, la nueva vía utiliza una reunión existente. En cirugía, el equipo propone una revisión breve con la persona que tendrá la responsabilidad durante la jornada y un registro accesible para el turno siguiente. Estas variaciones del procedimiento deben describirse antes de comparar resultados. Si la forma quirúrgica elimina la confirmación de recepción, cambia una función que la explicación inicial consideraba necesaria; si mantiene esa confirmación por otro medio, puede conservarla pese a su apariencia distinta.

El marco de Skivington y colaboradores (2021) incorpora el contexto, la teoría del programa y su refinamiento al desarrollo y la evaluación de intervenciones complejas, con preguntas y métodos que se eligen según la incertidumbre que se necesita resolver. Aquí sería razonable estudiar primero si cada forma consigue mantener una responsabilidad visible durante los cambios de turno, ya que una comparación del resultado final tendría escasa utilidad práctica sin saber qué versión del procedimiento se realizó en cada servicio.

La diferencia entre los servicios puede producir conocimiento transferible. El registro utilizado en cirugía quizá ayude a medicina durante los fines de semana, del mismo modo que la reunión de medicina puede revelar una pregunta que el registro quirúrgico no contempla. En ese intercambio se combinan soluciones desarrolladas bajo restricciones distintas. Su utilidad depende de que cada equipo explique el problema que resolvió y los recursos que necesitó, porque un formulario trasladado sin esa explicación pierde parte de la práctica que le daba sentido.

Con el tiempo aparecen personas capaces de coordinar el circuito sin recurrir al equipo que lo diseñó. Esa capacidad distribuida modifica el contexto del programa, pues la rotación de personal deja de afectar exactamente del mismo modo cuando existen procedimientos comprensibles y alguien puede enseñar su uso. El aprendizaje tiene, sin embargo, su propio costo. Si toda la formación depende de una persona que ya sostiene la coordinación, la expansión puede sobrecargar el punto del que depende la continuidad.

La evaluación organizacional de Greenhalgh y colaboradores (2009), realizada en un programa de transformación de servicios en Londres, mostró proyectos que evolucionaban y se relacionaban entre sí durante su implementación. El estudio, que usó una aproximación realista para examinar cómo las condiciones y los mecanismos se asociaban con resultados diferentes, ilustra la utilidad de seguir una transformación a lo largo del tiempo. Sus hallazgos pertenecen a aquel programa, de modo que una adaptación que funcionó allí tendría que comprobarse de nuevo en otro hospital.

El contraste que permitiría aprender del caso

Si el hospital compara solo el mes anterior con el posterior, el efecto del programa puede mezclarse con otros cambios, ya que en ese intervalo la población ingresada puede variar, una jefatura puede reorganizar turnos o un equipo puede incorporar personal. Un seguimiento prospectivo debería registrar esos acontecimientos y establecer de antemano los desenlaces de interés. Mantener una serie previa ayuda a describir la variación habitual y a reconocer si la trayectoria ya estaba cambiando antes de la intervención.

Si la organización admite comparar servicios o introducir el programa en momentos distintos, puede construirse un contraste más informativo, siempre que se examine si los servicios se afectan entre sí. Un mismo profesional puede trabajar en varios de ellos y una práctica útil puede circular antes de la fecha formal de implementación. Esos intercambios forman parte del funcionamiento del hospital y su registro muestra qué comparación se realizó realmente y hasta dónde se mantuvo la separación prevista.

La pregunta sobre resultados clínicos debe conservar una población definida. Si solo se sigue a las personas finalmente atendidas, quedan fuera quienes esperaron, fueron derivados por otra vía o nunca alcanzaron el circuito, un grupo que puede cambiar precisamente por efecto del programa. Una evaluación centrada en el acceso necesitaría considerar a las personas elegibles. Otra sobre la calidad de la respuesta puede estudiar las consultas realizadas si deja claro ese alcance. Mezclar ambas poblaciones produciría un efecto difícil de interpretar.

Hudon y Kessler (2023) discuten estas dificultades a propósito de la gestión de casos para personas con necesidades complejas y proponen incorporar aspectos de implementación desde el diseño, atendiendo a las condiciones que afectan su viabilidad. En el ejercicio, eso significa medir los recursos utilizados junto con el acceso obtenido. Si el circuito requiere un trabajo que nadie puede sostener después del período de apoyo, conocer su resultado durante el inicio será insuficiente para decidir su continuidad.

El propio registro puede modificar conductas. Si se anuncia que se evaluará el tiempo hasta la primera respuesta, los equipos pueden adelantar un mensaje breve que detenga el reloj sin resolver la pregunta. Para examinarlo se necesita una muestra de solicitudes, elegida con criterios claros, en la que puedan revisarse el contenido y la continuidad posterior y contrastarse el indicador con lo que representa. La comprobación puede hacerse así sin convertir cada contacto en una investigación extensa.

Una evaluación útil conserva las modificaciones del programa con su fecha y su razón. Si se introduce una vía de discusión breve en la semana siete y se amplía la capacidad en la nueve, un promedio de seis meses mezcla exposiciones diferentes. Con la secuencia documentada, en cambio, puede preguntarse qué cambió después de cada decisión y qué parte del resultado coincide con otros acontecimientos, sin atribuir a la versión inicial beneficios obtenidos mediante ajustes posteriores.

Qué quedaría si se retirara la nueva vía

Una prueba conceptual del cambio de contexto consiste en preguntar qué ocurriría si el hospital retirara el formulario y la reunión adicional. Si el programa solo hubiera agregado un trámite, eliminarlo podría aproximar el proceso a su funcionamiento anterior. En nuestro caso produjo además aprendizaje y expectativas. Los profesionales conocen ahora preguntas que antes no formulaban y han establecido contactos que pueden seguir utilizando aunque desaparezca el instrumento formal.

Imaginemos que la dirección suspende el canal adicional cuando las solicitudes han alcanzado 30 por semana. Algunos equipos siguen contactando directamente a las personas que conocieron durante el programa y otros conservan la forma de redactar las preguntas aunque vuelvan a usar la bandeja administrativa común. El flujo observado puede disminuir lentamente, permanecer alto o repartirse entre vías que ya no se registran juntas, de modo que una disminución en el canal suspendido solo se entiende si la evaluación sigue también esas alternativas.

Un modelo auxiliar puede expresar una memoria gradual. Con la misma necesidad supuesta de 45 pacientes semanales, llamemos rtr_t a la proporción que llega a consulta y supongamos que, tras retirar el canal, esa proporción se acerca a un nivel de 0,40 mediante la regla

rt+1=rt+α(0,40−rt),r_{t+1}=r_t+\alpha(0,40-r_t),

con 0<α<10<\alpha<1. El parámetro α\alpha representa la rapidez de ajuste y su valor se ha elegido para el ejercicio, sin estimación alguna en profesionales. Si r0=2/3r_0=2/3 y α=0,25\alpha=0,25, los valores posteriores son 0,60; 0,55 y 0,5125, que corresponden a 27; 24,75 y 23,0625 solicitudes esperadas. El modelo produce así una caída gradual, aun cuando la decisión administrativa se ejecuta de una vez.

La regla presupone que el sistema vuelve hacia 0,40, una hipótesis discutible, porque el nivel hacia el cual se ajusta podría ser mayor si el aprendizaje se conserva y ni siquiera habría una referencia constante si otros equipos adoptan la práctica durante ese período. Por eso mismo es útil dejar escrito el supuesto, ya que así se identifican las observaciones que lo refutarían. Una serie que se estabiliza por encima de 18 solicitudes semanales sería compatible con una modificación persistente, aunque también habría que examinar cambios en la población atendida.

El ejemplo distingue la memoria que queda en las prácticas de trabajo de una acumulación de solicitudes. La primera modifica las entradas futuras y la segunda conserva trabajo que todavía no se realizó. Ambas pueden prolongar los efectos del programa y requieren respuestas diferentes, porque reducir la carga pendiente mantiene intacto el conocimiento adquirido y cambiar las instrucciones de derivación deja sin resolver las solicitudes ya abiertas. El registro tiene que seguir cada proceso con su propia unidad y su propia escala temporal.

En una evaluación de reversión, esa persistencia impediría tratar el período posterior como una repetición del inicial, pues el hospital ha atravesado una experiencia que cambió parte de sus recursos. Incluso las personas que se opusieron al programa pudieron aprender a obtener apoyo con mayor rapidez. Observar la retirada serviría para documentar qué funciones dependen del dispositivo y cuáles se incorporaron ya al trabajo cotidiano, información que ayudaría a decidir qué soporte mínimo necesita la práctica para continuar de manera comprensible y evaluable.

Resolver la acumulación y conservar la capacidad de aprender

La dirección del hospital tiene ahora una decisión más concreta que la de «mantener o retirar» el programa completo, ya que puede conservar la vía de coordinación, revisar la demanda de trabajo y afrontar la carga acumulada con recursos temporales. Esa elección se apoya en la comprobación de que las solicitudes adicionales corresponden a necesidades pertinentes y de que las vías de respuesta mantienen su calidad. El modelo ayuda a dimensionar escenarios, pero la pertinencia clínica requiere información sobre los casos.

En el escenario calculado, elevar la capacidad de 24 a 30 unidades contendría las entradas de 30 solicitudes si todas siguieran requiriendo una unidad, pero dejaría intactos los 48 pendientes. Con 26 unidades y la distribución hipotética de 25 % de discusiones breves, el margen sería de 0,5; una ampliación temporal hasta 34 permitiría reducir antes la acumulación. Esas alternativas tienen costos distintos y descansan en supuestos que deben revisarse con los tiempos de trabajo observados.

Una vez retirado el apoyo temporal, el programa necesita observar si el margen se mantiene, porque puede aumentar la demanda, disminuir la proporción de preguntas acotadas o aparecer trabajo de seguimiento que el primer balance no incorporó. Ese trabajo tiene que entrar en la representación de la carga, pues de otro modo queda oculto dentro de una supuesta pérdida de productividad. Una evaluación completa podría requerir menos tiempo hoy y generar coordinación necesaria durante varios días, un costo que pertenece a la trayectoria de atención.

El marco de sostenibilidad dinámica de Chambers, Glasgow y Stange (2013) propone seguir el ajuste entre intervención y entorno a medida que ambos cambian. En él la adaptación forma parte del trabajo de sostener un beneficio, aunque su valor debe examinarse mediante resultados. El marco contempla también que una actividad deje de realizarse si no da beneficio. El umbral de capacidad y la dotación que usamos en el ejemplo dependen, en cambio, de la situación representada.

Al terminar el período de revisión, el hospital podría haber aprendido a formular mejor sus preguntas y a reconocer necesidades antes ignoradas y también haber descubierto una demanda que excede sus recursos. Ambos resultados deben permanecer visibles en la decisión. Si simplemente se restringe el acceso para recuperar la lista inicial, el indicador puede mejorar mientras desaparece la información sobre necesidades no respondidas. Si se amplía el acceso sin organizar la respuesta, la nueva vía puede prometer una disponibilidad que después no consigue sostener.

En el modelo, el primer cambio fue una forma de coordinación cuyas consecuencias alteraron las solicitudes, las expectativas de los equipos y la distribución de tareas, de modo que la versión que sigue en funcionamiento tiene que evaluarse dentro de esas condiciones nuevas.

Referencias

Chambers, D. A., Glasgow, R. E., & Stange, K. C. (2013). The dynamic sustainability framework: Addressing the paradox of sustainment amid ongoing change. Implementation Science, 8, 117. https://doi.org/10.1186/1748-5908-8-117

Greenhalgh, T., Humphrey, C., Hughes, J., Macfarlane, F., Butler, C., & Pawson, R. (2009). How do you modernize a health service? A realist evaluation of whole-scale transformation in London. The Milbank Quarterly, 87(2), 391–416. https://doi.org/10.1111/j.1468-0009.2009.00562.x

Hawe, P., Shiell, A., & Riley, T. (2009). Theorising interventions as events in systems. American Journal of Community Psychology, 43, 267–276. https://doi.org/10.1007/s10464-009-9229-9

Hudon, C., & Kessler, R. (2023). Integrating case management for patients with complex needs in the ground practice: The importance of context in evaluative designs. Health Research Policy and Systems, 21, 9. https://doi.org/10.1186/s12961-023-00960-4

May, C. R., Johnson, M., & Finch, T. (2016). Implementation, context and complexity. Implementation Science, 11, 141. https://doi.org/10.1186/s13012-016-0506-3

Moore, G. F., Audrey, S., Barker, M., Bond, L., Bonell, C., Hardeman, W., Moore, L., O'Cathain, A., Tinati, T., Wight, D., & Baird, J. (2015). Process evaluation of complex interventions: Medical Research Council guidance. BMJ, 350, h1258. https://doi.org/10.1136/bmj.h1258

Skivington, K., Matthews, L., Simpson, S. A., Craig, P., Baird, J., Blazeby, J. M., Boyd, K. A., Craig, N., French, D. P., McIntosh, E., Petticrew, M., Rycroft-Malone, J., White, M., & Moore, L. (2021). A new framework for developing and evaluating complex interventions: Update of Medical Research Council guidance. BMJ, 374, n2061. https://doi.org/10.1136/bmj.n2061