Una red de centros adopta un formato para intercambiar información. Al principio habría servido cualquiera de dos formatos, pero uno se instala antes porque un proveedor puede entregar el equipo esa semana. A partir de ahí se redactan instrucciones, se forma a los trabajadores y se adaptan los programas, de manera que los centros que llegan después eligen el formato instalado para poder comunicarse. Años más tarde aparece una alternativa que resuelve mejor varias tareas. Sus prestaciones son superiores, pero cada centro tiene pocos incentivos para cambiar mientras sus colaboradores conserven el sistema anterior.

La escena es hipotética y reúne una decisión inicial, la acumulación de inversiones y un problema de coordinación. La fecha de entrega del primer equipo termina influyendo en una elección que, años después, parece depender solo de costes presentes. Parte de esos costes se produjo durante el recorrido. Si otro proveedor hubiera llegado antes, la misma necesidad de compatibilidad podría sostener hoy el formato contrario.

Se habla de dependencia de trayectoria cuando el recorrido seguido influye de manera persistente en las posibilidades posteriores. La expresión tiene usos amplios y otros más restrictivos. Los estudios sobre tecnologías e instituciones suelen atender en especial a los procesos que se refuerzan, en los que adoptar una opción altera las condiciones de elección de modo que continuar con ella se vuelve más probable. Arthur (1989) formalizó esta dinámica para la competencia entre tecnologías y Pierson (2000) examinó sus implicaciones en los procesos políticos.

Hay bloqueo cuando abandonar una configuración es difícil con las reglas y los recursos disponibles. Puede haber alternativas materialmente posibles que ningún participante tiene motivos para emprender por separado, o puede faltar el conocimiento necesario para desarrollarlas. La duración observada admite otras explicaciones. Una configuración podría persistir porque sigue dando el mejor resultado, porque su entorno cambia poco o porque el ajuste requiere tiempo. Identificar una dependencia de trayectoria exige, por eso, reconstruir cómo las decisiones anteriores modificaron las condiciones que sostienen el estado presente.

Una urna que conserva las primeras extracciones

Distribución discreta de los once posibles recuentos de A tras diez extracciones: la urna reforzada tiene probabilidades uniformes y la moneda independiente una curva binomial centrada en cinco.
Figura 295.1. Tras diez extracciones, una urna de Pólya con una bola inicial de cada color asigna probabilidad 1/11 a cada recuento de A. Una moneda independiente concentra su distribución cerca de cinco. Ampliar SVG ↗

La urna de Pólya es un modelo de refuerzo con muy pocas suposiciones. Al comienzo contiene una bola de color A y otra de color B. En cada paso se extrae una bola al azar, se devuelve y se añade otra de su mismo color. Si hay aa bolas A y bb bolas B, la probabilidad de obtener A en la siguiente extracción es a/(a+b)a/(a+b). Cada aparición de A aumenta su presencia en la urna y, con ella, su probabilidad de volver a salir.

La primera extracción tiene dos resultados equiprobables. Si sale A, la probabilidad de A en el segundo paso sube a dos tercios. Si las dos extracciones siguientes también dan A, la urna queda con cuatro bolas A frente a una B y la siguiente probabilidad es de cuatro quintos. La secuencia de tres extracciones A tiene probabilidad

122334=14.\frac12\frac23\frac34=\frac14.

Con tres lanzamientos independientes de una moneda equilibrada, la probabilidad de obtener tres veces A sería un octavo, por lo que el refuerzo hace más probables las rachas. La secuencia A, A, B tiene en cambio probabilidad 1/2×2/3×1/4=1/121/2\times2/3\times1/4=1/12, ya que tras dos extracciones A solo una de cada cuatro bolas es B.

Un resultado más preciso puede obtenerse sin simular miles de urnas. Llamemos KnK_n al número de veces que salió A tras nn extracciones. Con esta composición inicial, cada valor k=0,1,…,nk=0,1,\ldots,n tiene probabilidad 1/(n+1)1/(n+1). Una secuencia concreta con kk apariciones de A tiene probabilidad k!(n−k)!/(n+1)!k!(n-k)!/(n+1)!, expresión válida para todas las secuencias permitidas, también para las que alternan los colores. Como existen (nk)\binom nk órdenes posibles con ese número de apariciones, el producto de ambas cantidades da 1/(n+1)1/(n+1).

Después de diez extracciones, obtener A cero, cinco o diez veces tiene la misma probabilidad, un onceavo para cada recuento. Con una moneda, los resultados cercanos a cinco serían mucho más probables. Si el proceso continúa, las proporciones de las distintas urnas siguen repartidas por todo el intervalo. La fracción de bolas A converge a un límite aleatorio que, en este caso simétrico, se distribuye uniformemente entre cero y uno. El promedio de muchas urnas sigue siendo un medio, aunque una urna particular puede asentarse cerca de una proporción bastante distinta.

La urna tiene memoria estadística sin conducir a la adopción exclusiva. Con una bola inicial de cada color, el límite tiene probabilidad cero de ser exactamente cero o uno. Para que una opción desaparezca habría que cambiar la regla, por ejemplo haciendo que la probabilidad de elección crezca más que proporcionalmente con el número de adopciones o introduciendo una decisión determinista que deje de considerar la opción minoritaria.

Otra cuestión es qué información resume el pasado. Una vez conocidos aa y bb, el orden exacto de las extracciones anteriores es innecesario para calcular la siguiente probabilidad. El par de recuentos es un estado suficiente para esa tarea, en el que la historia ha quedado incorporada a la composición presente. Por eso un proceso puede tener una representación markoviana y mostrar a la vez dependencia de trayectoria en sus resultados de largo plazo, con realizaciones que terminan en sitios muy distintos.

La representación acumulativa es útil en ciertos problemas de aprendizaje o difusión, siempre que su mecanismo se adapte al caso estudiado. Una adopción puede aumentar la visibilidad, la experiencia o la disponibilidad de complementos, variables que no tienen por qué crecer juntas. Cuando un programa se abandona y sus usuarios pierden experiencia, una urna que solo añade bolas retiene más pasado que el sistema real. Puede introducirse una depreciación del aprendizaje, aunque entonces se pierden los resultados exactos anteriores y cambia el peso de los primeros acontecimientos.

Dos convenciones y una frontera de coordinación

Un segundo ejemplo didáctico parte de una población grande que utiliza dos formatos, A y B. Sea xx la fracción que emplea A. Trabajar exclusivamente con A da un beneficio de cuatro unidades y hacerlo exclusivamente con B da cinco. Cada usuario pierde además dos unidades multiplicadas por la fracción de interlocutores que emplea el formato incompatible. Los beneficios esperados son

UA(x)=4−2(1−x),UB(x)=5−2x.U_A(x)=4-2(1-x),\qquad U_B(x)=5-2x.

El modelo supone que los contactos se mezclan al azar y que las unidades incluyen todos los costes considerados. Los valores no proceden de una evaluación de programas reales. La ventaja de A respecto de B es 4x−34x-3. Cuando más de tres cuartas partes de la población usan A, A es individualmente preferible, pese a que la coordinación completa en B daría a todos un beneficio mayor.

Con x=0,90x=0,90, quien cambia por su cuenta reduce su beneficio esperado, dado que un usuario de A obtiene 3,8 unidades y uno de B obtiene 3,2. Con x=0,60x=0,60 los valores se invierten y A rinde 3,2 frente a 3,8 de B. La calidad propia del formato B es la misma en ambos casos y solo cambia la red de usuarios con quienes puede intercambiar información sin pérdidas.

Una regla posible para describir la difusión hace que la participación de cada alternativa aumente según su ventaja relativa, de acuerdo con la ecuación

x˙=x(1−x)(4x−3).\dot x=x(1-x)(4x-3).

El punto sobre xx indica el cambio por unidad de tiempo, en una escala temporal fijada por convención. La ecuación tiene equilibrios en cero, tres cuartos y uno. En el interior del intervalo, xx disminuye si está por debajo de tres cuartos y aumenta si está por encima, de modo que el equilibrio intermedio es inestable y separa las cuencas que conducen a la coordinación completa en B o en A. Cerca de cualquiera de los extremos, una presencia pequeña de la alternativa contraria retrocede.

Para x=0,90x=0,90, la velocidad inicial es 0,90×0,10×0,60=0,0540,90\times0,10\times0,60=0,054. Para x=0,60x=0,60, es 0,60×0,40×(−0,60)=−0,1440,60\times0,40\times(-0,60)=-0,144. Son velocidades instantáneas del modelo y, como la velocidad varía con la composición, no pueden sumarse repetidamente sin actualizar xx. En los extremos exactos, el factor x(1−x)x(1-x) impide que una opción ausente aparezca espontáneamente, por lo que su introducción inicial requiere un mecanismo externo a la ecuación.

Las dos configuraciones coordinadas son estables y dan beneficios distintos, cuatro unidades por usuario con A y cinco con B. Puede existir un resultado colectivamente mejor al que las decisiones individuales conducen solo desde algunos puntos de partida. En el ejemplo la comparación es válida porque los beneficios están definidos explícitamente y las demás condiciones se mantienen constantes. Calificar de ineficiente una situación real exigiría incluir los costes de transición y las consecuencias distributivas.

Si cien participantes estuvieran coordinados en A y una intervención trasladara temporalmente a veintiséis de ellos a B, quedaría x=0,74x=0,74 y, con la regla declarada, la dinámica posterior favorecería a B. Con veinticinco traslados se llegaría exactamente a la frontera, donde ambas opciones dan el mismo beneficio y el modelo determinista se queda allí. La diferencia entre veinticinco y veintiséis ilustra un umbral cuyo valor preciso solo tiene sentido dentro del ejemplo. La ecuación trabaja con una fracción continua y el grupo de cien traduce la magnitud de la intervención a una escala comprensible.

Arthur (1989) mostró que, cuando los rendimientos crecen con la adopción, los acontecimientos iniciales pueden seleccionar una trayectoria entre varias. El ejemplo anterior aísla un efecto de coordinación semejante y localiza su frontera. Una ventaja inicial pequeña tendrá consecuencias duraderas cuando sitúe al sistema a un lado de esa frontera y exista un mecanismo que lo aleje de ella. Si la dinámica acercara todas las composiciones a un mismo equilibrio, la diferencia inicial se disiparía.

Qué se acumula mientras una opción se consolida

En una organización, la dependencia de trayectoria suele involucrar más de una variable. Sydow et al. (2009) propusieron analizar la formación de una trayectoria a partir de la emergencia de mecanismos de refuerzo y del estrechamiento posterior de las alternativas. Una rutina puede volverse dominante sin que existiera desde el principio un plan para imponerla, a medida que cada decisión local modifica el espacio en que se toman las siguientes.

Hay un efecto de coordinación cuando el beneficio de una opción aumenta con el número de participantes que la utilizan. El aprendizaje tiene otra estructura, en la que la repetición de una actividad mejora la competencia de quien la ejecuta. Aunque nadie más adoptase el procedimiento, un trabajador podría preferir conservarlo porque conoce sus errores habituales y resuelve con rapidez sus dificultades. Ambos efectos pueden distinguirse comparando lo que ocurre al cambiar los interlocutores con lo que ocurre al cambiar la experiencia del propio usuario.

Las complementariedades aparecen cuando varias piezas producen más valor juntas que por separado. El formato elegido puede condicionar las bases de datos, de las que dependen a su vez los informes integrados en los procedimientos de supervisión, con lo cual sustituir una pieza deja temporalmente sin utilidad algunas de las demás. Dobusch y Schüßler (2013) examinan cómo estos mecanismos, junto con las expectativas y las inversiones especializadas, pueden sostener procesos de refuerzo en distintos ámbitos organizativos.

Una expectativa también puede alterar el resultado que anticipa. Si los desarrolladores creen que A será el estándar futuro, diseñan aplicaciones para A y, al aumentar la disponibilidad de aplicaciones, hacen más atractiva esa opción. La expectativa adquiere capacidad causal en la medida en que se traduce en una inversión concreta.

Los costes ya pagados requieren un tratamiento preciso. El dinero irrecuperable invertido hace años no debería sumarse otra vez al comparar beneficios futuros. Esa inversión puede haber dejado, sin embargo, activos útiles como personal formado, equipos que funcionan o contratos con consecuencias vigentes, cuyo abandono sí modifica los costes futuros. Puede observarse así una continuidad racional debida a esos activos sin suponer que quienes deciden incurren en la falacia de los costes hundidos.

Pueden aparecer también ventajas para grupos particulares. Una regla de contratación que favorece a quienes dominan una especialidad lleva a esas personas a puestos desde los que influyen en la contratación siguiente. La persistencia puede apoyarse entonces tanto en la distribución de la autoridad como en la eficiencia operativa. Pierson (2000) sitúa los procesos de refuerzo político en contextos donde la coordinación, la acción colectiva y las instituciones condicionan qué cambios pueden realizarse. El balance agregado de una reforma es allí solo uno de los factores que deciden quién puede bloquearla.

Estas diferencias orientan la investigación. La formación actúa sobre una barrera de aprendizaje, la financiación de interfaces modifica las pérdidas por incompatibilidad y un cambio en el procedimiento de decisión afecta a un veto institucional. Si varias barreras actúan a la vez, aliviar una de ellas puede dejar intacta la continuidad observada. Esa ausencia de cambio sería compatible con un efecto real de la intervención sobre su mecanismo específico, todavía insuficiente para transformar el conjunto.

Una alternativa rentable que no puede financiarse

La dificultad para cambiar depende también del horizonte y del conjunto de acciones accesibles. Imaginemos que sustituir una instalación exige hoy seis unidades de recursos y produce una unidad adicional al final de cada año. Para comparar momentos distintos se fija, solo para este ejercicio, una tasa anual de descuento del diez por ciento. El valor presente de los beneficios es de aproximadamente 3,79 unidades a cinco años y de 8,51 a veinte. La misma instalación no compensa el desembolso en el primer horizonte y sí lo hace en el segundo.

El cálculo suma cada beneficio anual dividido por 1,1t1,1^t, donde tt es el año en que se recibe. Supone beneficios ciertos y constantes, ausencia de costes adicionales y ningún valor residual al final. Con él se separan dos preguntas que suelen confundirse, la de si la inversión genera un excedente durante el periodo considerado y la de si existen recursos para realizarla. Una entidad con dos unidades y sin acceso a financiación no puede pagar seis hoy aunque espere recibir más después, con lo cual la sustitución queda fuera de su conjunto de acciones disponibles.

Esa restricción puede ser una consecuencia histórica. Una organización que reinvirtió sistemáticamente sus excedentes en ampliar la instalación antigua puede tener mucha capacidad especializada y poca reserva transferible. Otra con igual ingreso corriente podría haber conservado recursos suficientes para migrar, de ahí que un mismo ingreso actual sea compatible con posiciones muy distintas frente al cambio. Demostrar esa diferencia requeriría observar cómo se acumularon sus activos y en qué medida son transferibles.

El reparto temporal de costes y beneficios entre los participantes introduce otra separación. Quien paga la conversión puede abandonar la organización antes de recibir sus beneficios. Un contrato que recompense únicamente el resultado del próximo año favorece la continuidad incluso cuando la organización espera permanecer veinte años. Con la misma tecnología, la decisión puede cambiar si se modifica el reparto de los pagos o la duración del compromiso, es decir, la manera en que se asignan los efectos del cambio a quienes tienen autoridad para iniciarlo.

La divisibilidad interviene también. Si la sustitución puede hacerse en tres módulos de dos unidades y cada módulo produce beneficios por separado, la escasez inicial deja de impedir cualquier avance. Si los tres módulos solo funcionan juntos, el mismo presupuesto bloquea la primera etapa útil. Esta complementariedad sugiere como prueba concreta examinar qué resultados produce una conversión parcial y qué conexiones le faltan para ser útil. Un cambio modular viable y un paquete indivisible pueden tener el mismo coste total y perspectivas financieras muy diferentes.

La persistencia de una instalación reúne información sobre ingresos, compromisos previos y posibilidades de fraccionar la transición. Una evaluación puede concluir que ampliar el horizonte vuelve favorable la sustitución y que, aun así, falta resolver su financiación inicial, condición previa para que la organización pueda ejecutar la salida que el primer resultado parecía anunciar.

Volver por un camino distinto

La histéresis es otra forma de dependencia del recorrido, en la que un sistema responde de manera diferente al mismo valor de una condición externa según cómo haya llegado a ella. Puede estudiarse con la ecuación

z˙=h+z−z3,\dot z=h+z-z^3,

donde zz es una variable de estado sin unidades y hh una presión externa. Los valores negativos de zz designan un régimen, sin aludir a cantidades físicas negativas de organismos o recursos. La ecuación es ilustrativa y aplicarla a un sistema concreto obligaría a justificar cómo se relacionan sus variables con las observaciones.

Con h=0h=0 hay equilibrios en z=−1,0,1z=-1,0,1. La derivada del término de cambio respecto de zz es 1−3z21-3z^2. En los dos equilibrios extremos vale menos dos y una desviación pequeña tiende a corregirse. En cero vale uno y las desviaciones crecen. Bajo una misma presión externa coexisten, por tanto, dos estados estables separados por uno inestable.

Los equilibrios satisfacen h=z3−zh=z^3-z. En los puntos donde una rama estable se encuentra con la inestable se cumple además 1−3z2=01-3z^2=0, de donde se obtienen

z=±13,h=∓233.z=\pm\frac{1}{\sqrt3},\qquad h=\mp\frac{2}{3\sqrt3}.

La magnitud del umbral de presión es aproximadamente 0,3849. Si el sistema parte de la rama negativa y hh aumenta muy lentamente, esa rama desaparece al superarse el umbral positivo y el estado se desplaza hacia la rama positiva. Al reducir después hh, el sistema pasa por cero sin regresar a la rama negativa. Permanece en la positiva hasta alcanzar el umbral negativo.

La expresión «muy lentamente» compara dos tiempos, el de relajación del estado y el de cambio de la presión. Si la presión varía deprisa, el estado puede quedar rezagado respecto de su equilibrio. Cerca de los puntos de desaparición la relajación se vuelve especialmente lenta, de manera que los umbrales calculados describen el límite cuasiestático del modelo y un ciclo ejecutado a velocidad finita puede mostrar saltos en otros valores.

En ecología, los mecanismos que sostienen estados alternativos se han usado para estudiar por qué reducir una presión no siempre devuelve un ecosistema a su condición anterior. Scheffer et al. (2001) revisaron transiciones de este tipo, entre ellas los cambios en lagos someros. Desde el punto de vista causal interesan los procesos que mantienen cada régimen, como las interacciones entre la transparencia del agua y la vegetación acuática. Si esas interacciones cambian después de una transición, restaurar la carga externa previa puede dejar al sistema en otro estado estable.

Un mismo aspecto gráfico puede tener causas distintas. En un sistema con un único equilibrio, un retraso largo también puede formar un bucle si la presión se aumenta y se reduce con rapidez. Para distinguir ese caso de la coexistencia de estados estables hay que observar qué ocurre al mantener las condiciones durante el tiempo suficiente o al recorrer ciclos más lentos, porque el tamaño del bucle y su dependencia de la velocidad contienen información ausente en una comparación entre dos fechas.

En presencia de fluctuaciones, el ruido puede llevar el estado al otro lado de la frontera entre cuencas antes de que desaparezca la rama estable. Hablar de bloqueo exige entonces indicar un horizonte. Un estado puede ser muy persistente durante años sin ser absorbente en sentido matemático, por lo que la probabilidad de escapar de él durante el periodo de interés describe la situación mejor que una etiqueta absoluta de reversibilidad o irreversibilidad.

Un archivo biológico con el que repetir el recorrido

Con la evolución experimental pueden estudiarse las consecuencias del pasado mediante comparaciones difíciles de realizar con instituciones. En el experimento de larga duración con Escherichia coli, las poblaciones se conservaron periódicamente por congelación. Ese archivo permitió iniciar nuevas evoluciones a partir de organismos de distintas generaciones y comparar sus posibilidades posteriores.

Blount et al. (2008) investigaron la aparición de la capacidad de utilizar citrato en las condiciones aeróbicas del experimento. Las poblaciones se cultivaban con glucosa limitada y citrato disponible, un recurso que sus ancestros no utilizaban de la manera en que posteriormente lo hizo una de las poblaciones. La capacidad se detectó alrededor de la generación 31.500. Como el medio contenía citrato desde mucho antes, su mera presencia no explicaba el momento de la innovación.

Los investigadores repitieron la evolución a partir de clones congelados de distintos momentos de la historia de esa población. Los resultados favorables se concentraron en fondos genéticos de generaciones posteriores. El más temprano que produjo variantes capaces de utilizar citrato en las pruebas procedía de la generación 20.000. La evidencia apoyó la hipótesis de que cambios anteriores habían aumentado la posibilidad de que esa capacidad surgiera o se expresara, sin situar en una fecha exacta una única mutación preparatoria.

La comparación es más informativa que la observación de una sola innovación al final de una secuencia, ya que con ella puede preguntarse si comenzar desde otra posición histórica cambia la probabilidad del resultado cuando las condiciones experimentales se mantienen comparables. Cada repetición añade azar nuevo en forma de mutaciones que ocurren o no, variantes que se pierden y linajes que se expanden. Una preparación histórica favorable modifica así las probabilidades sin fijar el desenlace de cada repetición.

El caso muestra, por otra parte, un efecto del recorrido que amplía posibilidades, en el que las transformaciones previas pueden abrir accesos antes muy improbables. Un paisaje de posibilidades que represente ese efecto tiene que admitir que el fondo genético cambie la consecuencia de una mutación, algo incompatible con asignar a cada mutación una ventaja independiente del resto del genoma.

La utilidad metodológica del archivo congelado está en que conserva estados desde los que pueden repetirse los ensayos, algo que las entrevistas retrospectivas sobre una organización no consiguen. Las versiones anteriores de un programa, los registros de decisiones y las pruebas sobre copias de bases de datos sí permiten construir comparaciones parciales. Con ellas se recupera el estado operativo registrado. Como la red de relaciones y las expectativas de quienes participaron pueden haberse perdido, el diseño de cada contraste debe precisar qué parte del pasado reproduce.

Reconstruir una dependencia en datos observados

Supongamos que dos redes de centros usan formatos distintos durante quince años. La observación deja abierto cuánto debe cada resultado a las decisiones iniciales. Quizá una red atiende tareas que favorecen A y la otra tareas que favorecen B, en cuyo caso el entorno podría producir tanto la adopción temprana como su continuidad. Atribuir entonces toda la diferencia al orden de llegada confundiría la historia de elección con una diferencia estable entre poblaciones.

Una investigación puede comenzar separando tres momentos del proceso (las condiciones previas a la adopción, la expansión inicial y la situación consolidada). En cada uno se reconstruyen las alternativas realmente disponibles y los costes que podían anticiparse en ese momento. Una alternativa creada diez años después nunca estuvo entre las opciones descartadas al comienzo. Del mismo modo, la previsibilidad del dominio de una opción debe juzgarse con la información disponible antes de saber cuál ganó.

El mecanismo de refuerzo necesita indicadores intermedios. Si la hipótesis se refiere al aprendizaje, interesan la experiencia y el rendimiento. Si se refiere a la compatibilidad, lo pertinente son las conexiones que requieren intercambio y las pérdidas al cruzar formatos. Un recuento de usuarios que no registre con quién trabaja cada uno podría ocultar una red fragmentada, en la que una minoría global puede formar una comunidad local lo bastante grande para sostenerse.

La secuencia es otra fuente de contraste. Dos unidades pueden haber invertido cantidades totales parecidas en formación e interfaces, pero en órdenes diferentes. La formación temprana puede crear una base de usuarios que justifique después las interfaces, mientras que instalar primero las interfaces podría facilitar que cada unidad conserve su sistema. Para que el orden tenga valor explicativo hay que especificar cómo cada paso altera el rendimiento del siguiente.

Cuando es posible, la asignación aleatoria de apoyos iniciales da una prueba más directa. Podrían compararse grupos que reciben temporalmente facilidades para adoptar A o B, retirar después esas facilidades y observar si las diferencias permanecen. Una persistencia tras la retirada sería compatible con un refuerzo, pero todavía habría que comprobar que la intervención no dejó subsidios ocultos o contratos duraderos, remanentes que, de existir, forman parte de la explicación y rompen la igualdad de condiciones.

En los estudios históricos, los contrafactuales suelen apoyarse en unidades comparables, cambios de reglas o interrupciones externas. Su credibilidad depende de por qué unas unidades recibieron la alteración y otras no. Un acontecimiento calificado de «accidente» puede tener causas endógenas. Una avería refleja a veces envejecimiento, mantenimiento insuficiente o intensidad de uso, variables que también afectan a la adopción posterior.

Otra dificultad es la escala de observación. Un hospital puede conservar un sistema durante veinte años mientras cambia numerosos módulos, con lo que la etiqueta institucional permanece aunque algunas dependencias se deshacen. A la inversa, puede sustituirse la marca comercial y mantenerse la estructura de datos que obliga a reproducir las mismas rutinas, caso en el que una serie de nombres describiría mal un mecanismo cuyas restricciones residen en componentes menos visibles.

En el estudio de servicios de salud, estas decisiones de medición condicionan lo que puede inferirse sobre la continuidad organizativa. Un registro de derivaciones, por ejemplo, puede mostrar concentración en determinados destinos, un patrón que podría reflejar acceso desigual, acuerdos administrativos, conocimiento acumulado de los equipos o diferencias en las necesidades atendidas. Una hipótesis de trayectoria puede generar predicciones sobre cómo cambia la derivación después de modificar los acuerdos o la información, aunque la estabilidad de la red deja sin evaluar la calidad clínica de sus decisiones.

Cambiar el coste de cruzar entre formatos

Volvamos a la red hipotética del comienzo y al modelo de coordinación, en el que la pérdida por incompatibilidad se fijó en dos unidades. Si se sustituye ese valor por un parámetro k>0k>0, los beneficios pasan a ser

UA=4−k(1−x),UB=5−kx.U_A=4-k(1-x),\qquad U_B=5-kx.

La diferencia de beneficios es 2kx−(k+1)2kx-(k+1). Si k>1k>1, la frontera interior está en x∗=(k+1)/(2k)x^*=(k+1)/(2k), que con k=2k=2 recupera las tres cuartas partes anteriores. Reducir la pérdida por incompatibilidad a una unidad desplaza esa frontera hasta uno. Si k<1k<1, la ventaja propia de B supera incluso la máxima penalización por incompatibilidad y B da mayor beneficio en todas las mezclas.

Una interfaz que redujera kk a 0,5 tendría esa consecuencia en el ejemplo. Con todos los usuarios inicialmente en A, su beneficio sería cuatro y un primer usuario de B obtendría 5−0,5=4,55-0,5=4,5. La entrada en B ya sería favorable. Ese primer usuario tiene que introducirse desde fuera porque la ecuación de difusión conserva exactamente las opciones ausentes. Una prueba voluntaria o una sustitución programada pueden cumplir esa función.

La intervención sobre kk modifica la razón misma por la que continuar en A era conveniente. La migración puede entonces ser gradual, sin trasladar de una vez al veintiséis por ciento de la población. Su coste debe compararse con el de sostener un grupo inicial de usuarios de B hasta que tenga interlocutores suficientes, una comparación que incluye la duración de la interfaz, su mantenimiento y los errores de traducción además del precio de compra.

Si la interfaz se retira demasiado pronto, la ventaja vuelve a depender de la composición alcanzada. Si se elimina cuando A todavía conserva el noventa por ciento de los usuarios, kk regresa a dos, A vuelve a ser preferible y la dinámica invierte la migración. Si, en cambio, se mantiene hasta que la participación de A cae por debajo de tres cuartos, su retirada deja a B del lado favorable de la frontera original.

Una prueba del mecanismo registraría durante la transición cuánto cuesta intercambiar información entre formatos y qué fracción de los contactos relevantes ya utiliza B. El puente podría retirarse una vez comprobado que la nueva coordinación se sostiene con los costes originales, condición que en la versión numérica cumple una participación de A del 74 por ciento, mientras que una del 76 por ciento todavía favorece el regreso hacia A.

Referencias

Arthur, W. B. (1989). Competing technologies, increasing returns, and lock-in by historical events. The Economic Journal, 99(394), 116–131. https://doi.org/10.2307/2234208

Blount, Z. D., Borland, C. Z., y Lenski, R. E. (2008). Historical contingency and the evolution of a key innovation in an experimental population of Escherichia coli. Proceedings of the National Academy of Sciences, 105(23), 7899–7906. https://doi.org/10.1073/pnas.0803151105

Dobusch, L., y Schüßler, E. (2013). Theorizing path dependence: A review of positive feedback mechanisms in technology markets, regional clusters, and organizations. Industrial and Corporate Change, 22(3), 617–647. https://doi.org/10.1093/icc/dts029

Pierson, P. (2000). Increasing returns, path dependence, and the study of politics. American Political Science Review, 94(2), 251–267. https://doi.org/10.2307/2586011

Scheffer, M., Carpenter, S., Foley, J. A., Folke, C., y Walker, B. (2001). Catastrophic shifts in ecosystems. Nature, 413, 591–596. https://doi.org/10.1038/35098000

Sydow, J., Schreyögg, G., y Koch, J. (2009). Organizational path dependence: Opening the black box. Academy of Management Review, 34(4), 689–709. https://doi.org/10.5465/amr.2009.44885978