Una recomendación circula dentro de un equipo. La primera persona explica el procedimiento y las condiciones en que corresponde utilizarlo, la segunda conserva el procedimiento pero abrevia las condiciones y una tercera añade un ejemplo que nunca figuró en la explicación inicial. Al cabo de varias conversaciones, la recomendación mantiene una versión reconocible junto con diferencias capaces de cambiar su aplicación. Explicar lo ocurrido exige saber quién escuchó a quién y qué cambió en cada transmisión.
La evolución cultural estudia cambios poblacionales en información y prácticas adquiridas socialmente, como la difusión de una técnica, la variación de un relato o la persistencia de una convención. Su escala temporal depende del proceso y abarca desde los minutos en que una conversación puede transmitir información hasta las décadas durante las que puede conservarse una práctica institucional. Tampoco la unidad de observación viene fijada de antemano. En un estudio será una secuencia de acciones y en otro una afirmación que puede aparecer con diferentes formulaciones.
Si bien el enfoque poblacional conecta decisiones individuales con distribuciones colectivas, describir una frecuencia creciente deja todavía abierta su causa. Una práctica puede volverse más común porque sus usuarios son observados con mayor frecuencia, porque da resultados que otros valoran o porque las personas transforman alternativas distintas hacia una misma versión. Incluso puede parecer más frecuente por un simple cambio en el procedimiento de registro. La explicación tiene que distinguir esos mecanismos antes de dar a cualquier crecimiento el nombre de selección.
Otra dificultad proviene de la analogía con la evolución biológica. Las personas pueden adquirir información de muchos individuos, revisar una práctica durante su vida y transmitir versiones deliberadamente modificadas, posibilidades que los modelos culturales admiten. La utilidad de una comparación con procesos biológicos depende de la estructura causal que conserve, más allá de los nombres genéticos que reciban los componentes culturales. Acerbi y Mesoudi (2015) muestran que varias discusiones del campo se aclaran al distinguir los procesos que preservan variantes de aquellos que las transforman.
Definir qué se transmite
Una práctica observable y la representación que una persona tiene de ella son objetos relacionados, pero diferentes. Alguien puede ejecutar correctamente una tarea siguiendo instrucciones sin comprender por qué funciona, o bien comprender una regla y, por falta de recursos, ejecutarla de otra manera. Un registro limitado a las conductas finales puede clasificar juntas ambas situaciones. Cuando el problema es cómo se conserva una explicación, habrá que estudiar lo que las personas recuerdan y comunican, además de su desempeño.
La definición de variante depende de la pregunta investigada. Imaginemos dos maneras de ordenar un material. Si interesa la eficiencia temporal puede bastar con clasificarlas como A y B, pero si interesa qué pasos se aprenden por observación esa clasificación podría ocultar combinaciones parciales, como adoptar el inicio de A y el final de B. Como el sistema de codificación determina qué cambios aparecen como reproducción, innovación o error, conviene fijarlo antes de observar los resultados y comprobar que distintos evaluadores lo aplican de manera comparable.
Una misma persona puede conocer varias variantes y elegir según la situación. Por eso el número de individuos que conocen A, el de ocasiones en que A se utiliza y el de mensajes que la recomiendan son magnitudes distintas. Si una minoría muy activa produce la mayoría de las demostraciones, la frecuencia de exposición se aparta de la proporción de personas que prefieren la práctica, distinción que reaparece al analizar los sesgos hacia lo frecuente.
Las rutas de transmisión describen quién puede aprender de quién. La transmisión vertical ocurre entre progenitores y descendientes, la horizontal entre personas de una misma generación y la oblicua entre generaciones que no tienen esa relación parental. Estas categorías ayudan a representar restricciones. Una práctica real, sin embargo, puede circular por varias rutas, como ocurre cuando una técnica enseñada por una persona mayor se difunde después entre compañeros y regresa modificada a quienes la enseñaron.
La dirección relevante de la transmisión depende de algo más que la edad cronológica. En un laboratorio o un servicio, alguien recién incorporado puede traer conocimientos que modifican la práctica de los trabajadores más antiguos, de modo que la experiencia, el acceso y la posición en la red deben representarse cuando esas propiedades explican la exposición. Suponer que toda información procede de los más experimentados puede impedir detectar precisamente las vías por las que entra una variante nueva.
Aprender de otros y decidir cuándo hacerlo
El aprendizaje social ocurre cuando la experiencia con otros influye en lo aprendido y puede incluir la observación de acciones, la información verbal y el aprendizaje a partir de productos o huellas de actividad. Una posibilidad es imitar una secuencia. Otra consiste en observar un resultado y buscar una manera propia de alcanzarlo. Como la semejanza entre la conducta demostrada y la adquirida puede ser alta en ambos casos, su grado deja sin identificar el mecanismo psicológico que produjo el aprendizaje.
La elección entre explorar personalmente y consultar a otros depende de costos e incertidumbre. Cuando probar una técnica consume mucho tiempo y otras personas ya la utilizaron, aprender de ellas puede ahorrar ensayos, aunque si el entorno cambió desde entonces la información disponible puede haber perdido utilidad. Una política flexible necesita atender, por tanto, a la actualidad de esa información y a la semejanza entre el problema del observador y el del modelo.
Mesoudi (2011) examinó distintas estrategias en una tarea experimental de diseño de puntas de flecha en la que los participantes podían aprender individualmente y utilizar información social. Encontró una combinación de aprendizaje individual y copia sesgada hacia resultados exitosos. La frecuencia de esta última se relacionó con el desempeño en la tarea y su distribución entre individuos fue heterogénea. Con ese resultado pueden estudiarse decisiones concretas bajo esas condiciones sin suponer que todas las personas usan siempre una misma estrategia.
La heterogeneidad tiene consecuencias poblacionales. Algunos participantes pueden explorar con frecuencia y producir información nueva que otros pueden luego utilizar. Si todos dependieran de información ajena, habría que explicar de dónde provienen las observaciones que guían la conducta. Si nadie consultara a otros, en cambio, se repetirían ensayos que ya podrían haberse resuelto. La proporción entre exploración y aprendizaje social puede cambiar a medida que varían la calidad de la información disponible y el costo de obtenerla.
Medir cuándo se aprende socialmente exige registrar oportunidades. Una persona que nunca copia puede carecer de acceso a modelos pertinentes y otra que parece copiar siempre puede estar recibiendo tareas en las que explorar por cuenta propia es casi imposible. El comportamiento observado reúne preferencias y restricciones. Un experimento que presenta las mismas opciones a todos ayuda a separarlas, aunque después habrá que estudiar si esas opciones se parecen a las disponibles fuera del laboratorio.
Frecuencia observada y conformismo
Copiar una variante porque varias personas la utilizan admite diferentes reglas. Si un observador elige al azar a una persona de su muestra, la probabilidad de adquirir A coincide con la frecuencia de A en esa muestra y la mayoría será copiada más veces simplemente por estar más representada. El conformismo, en su definición habitual dentro de los modelos de evolución cultural, exige una respuesta desproporcionada hacia la variante mayoritaria, diferencia que Henrich y Boyd (1998) desarrollaron teóricamente y Efferson et al. (2008) examinaron empíricamente.
Una representación sencilla de la probabilidad de adoptar A es
donde es su frecuencia entre los modelos observados y controla la respuesta a esa frecuencia. Con la probabilidad es proporcional, con la mayoría recibe una ventaja desproporcionada y con las frecuencias se desplazan hacia una elección más equilibrada entre las variantes. Es una familia ilustrativa cuya estimación no obliga a suponer que los participantes calculan potencias conscientemente.
Si A aparece en el 70% de las demostraciones, la copia proporcional produce una probabilidad de 0,70, que con sube a aproximadamente 0,845. Para interpretar como conformismo que el 75% de los participantes adopte A se necesita conocer la exposición de cada participante, estimar la incertidumbre y considerar qué otra información recibió, puesto que ese porcentaje también podría reflejar una preferencia previa por A.
Las demostraciones, además, pueden ser dependientes. Quien oye la misma recomendación a cinco personas que la copiaron de una única fuente recibe una sola evaluación repetida cinco veces, que una regla atenta a las frecuencias puede tratar como cinco evaluaciones independientes si el origen común permanece oculto. En las redes de comunicación, la repetición puede crear una apariencia de consenso mayor que la diversidad real de experiencias. Para investigar ese efecto conviene registrar procedencia y contactos, además de contar mensajes.
Efferson et al. (2008) insistieron en que un experimento separe la tendencia general a seguir a otros de la respuesta desproporcionada a la mayoría. En su tarea los participantes elegían entre tecnologías con resultados probabilísticos, un diseño en el que la información social puede variarse para examinar las probabilidades de elección. Si se muestran únicamente mayorías unánimes, se pierde gran parte de la información necesaria para distinguir curvas alternativas de respuesta a la frecuencia.
El conformismo puede mantener diferencias entre grupos cuando cada grupo recibe principalmente información local. Las prácticas así mantenidas pueden diferir en utilidad y quienes las siguen pueden tener razones para hacerlo. Si las condiciones difieren entre lugares, la mayoría local puede contener información pertinente, pero si cambiaron hace poco la misma regla puede prolongar una práctica poco adecuada. El valor de la regla depende entonces de qué información conserva la frecuencia y de cuánto demora en actualizarse.
Éxito, atención y elección de modelos
El aprendizaje sesgado por resultados favorece modelos o variantes con un desempeño valorado y depende de que el resultado sea observable y atribuible a la conducta. Una técnica puede parecer exitosa porque quienes la usan disponen de mejores recursos, o bien producir resultados tempranos visibles junto con costos posteriores difíciles de atribuir. Copiar al modelo con el mejor resultado observado combina una regla de aprendizaje con el problema estadístico de estimar qué produjo ese resultado.
La incertidumbre crece cuando el desempeño es muy variable, dado que el observador puede elegir a quien tuvo suerte en un ensayo. Si varias personas reciben información de un mismo episodio excepcional, la práctica puede difundirse antes de que se acumulen observaciones representativas. Repetir las mediciones y mostrar su variabilidad cambia la información de que dispone el aprendiz. Un experimento sobre copia del éxito tiene que especificar, por eso, si los participantes observan un único resultado, un promedio o una secuencia completa.
El sesgo de prestigio se guía por señales sociales que apuntan hacia modelos que podrían ser buenas fuentes de aprendizaje. La atención que otras personas dirigen a alguien puede indicar dónde buscar información. Atención y competencia, sin embargo, se disocian cuando una persona recibe atención por razones ajenas al dominio que el aprendiz necesita resolver. La transferencia de prestigio entre tareas requiere un estudio propio, sobre todo cuando la competencia en un dominio se usa para respaldar afirmaciones sobre otro.
Atkisson et al. (2012) estudiaron una señal específica, el tiempo de atención que otros participantes supuestamente dedicaban a diseños de puntas de flecha. Esa información se generó experimentalmente y no correspondía a una observación natural de prestigio. Los participantes tendieron a guiarse por ella al elegir modelos de aprendizaje aun cuando la atención se había asignado sin relación con el éxito. El resultado muestra sensibilidad a una señal social que, por diseño, carecía de información sobre la habilidad real.
El experimento comparó además la información de atención con la de desempeño, dos señales que fuera del laboratorio suelen estar correlacionadas y que aquí quedaron parcialmente separadas. Cuando las personas más exitosas reciben también más atención, una observación natural puede ser compatible tanto con aprendizaje por resultados como con aprendizaje guiado por la atención ajena. La manipulación independiente distingue ambas contribuciones, aunque la artificialidad de la señal limita cuánto puede extrapolarse a relaciones sociales duraderas.
En un entorno profesional, la misma distinción ayuda a formular una investigación sin convertir a los participantes en personajes de una explicación moral. Una práctica puede difundirse desde una persona respetada por la utilidad de sus recomendaciones, por sus mayores oportunidades de enseñar o por el costo que su posición impone al disenso. La misma influencia observada podría deberse a prestigio, a coerción o a competencia, vías que exigen datos diferentes.
La transmisión transforma el contenido
La memoria y la comunicación producen reconstrucciones. Quien cuenta una experiencia selecciona detalles, organiza relaciones y adapta el relato a su interlocutor, de manera que algunas diferencias desaparecen por ser difíciles de recordar y otras se introducen para hacer comprensible la secuencia. Cuando esas transformaciones siguen direcciones recurrentes pueden generar patrones estables a escala poblacional, incluso si cada transmisión cambia bastante el contenido.
Claidière et al. (2014) utilizan la noción de atracción cultural para describir transformaciones que hacen converger las variantes hacia ciertas formas. El atractor es una propiedad de las tendencias de transformación consideradas y puede depender de capacidades de memoria, conocimientos compartidos o condiciones de comunicación. El concepto no presupone una fuerza que actúe a distancia sobre las ideas ni una esencia invariable detrás de todas sus versiones.
Una distinción empírica ayuda a precisar el mecanismo. Supongamos que en una serie de relatos aumenta la presencia de un detalle llamativo. Puede ocurrir que las versiones que ya lo contienen se transmitan con mayor frecuencia, o bien que personas que recibieron una versión sin el detalle lo incorporen al reconstruirla. En el primer caso cambia la representación relativa de las versiones disponibles y en el segundo aparece una transformación dirigida, dos procesos que un análisis limitado a los relatos finales puede confundir.
Mesoudi et al. (2006) utilizaron cadenas de transmisión para estudiar diferencias en la conservación de información social y no social. Con ese diseño se observa qué elementos sobreviven a reproducciones sucesivas dentro de los tipos de contenido que compara cada tarea. La etiqueta de información social necesita además una codificación explícita, porque una diferencia de recuerdo podría explicarse también por la familiaridad, la longitud o la facilidad para integrar los elementos en una secuencia narrativa.
La transformación deliberada puede estudiarse reduciendo la exigencia de memoria. Stubbersfield et al. (2018) pidieron a los participantes que editaran noticias para volverlas más interesantes y entregaron cada versión a la persona siguiente. Como los participantes podían consultar y modificar el texto, los cambios observados no eran atribuibles solamente a fallos de recuerdo. Algunas versiones incorporaron exageraciones u otros elementos, con efectos que variaron de una historia a otra.
La instrucción de editar introduce, a su vez, una condición específica. El estudio muestra que una consigna orientada a producir interés puede generar transformaciones a lo largo de una cadena de comunicación, sin que toda modificación pueda atribuirse a un sesgo cognitivo único. Queda sin medir si las versiones resultantes se compartirían espontáneamente con mayor frecuencia. Comparar la edición deliberada con la reproducción de memoria requeriría condiciones que variaran directamente esa exigencia.
Un modelo que separa elección y transformación
Ambos procesos pueden representarse en un ejemplo didáctico. Sea la frecuencia de una variante A entre las fuentes disponibles en el momento , con B como variante alternativa. Si cada fuente A tiene un peso de elección y cada fuente B un peso , la proporción de fuentes A entre las efectivamente elegidas es
Según el estudio, los pesos describen exposición o preferencia de elección, magnitudes que en este modelo son ajenas al éxito reproductivo biológico y a la verdad del contenido. Con , A queda sobrerrepresentada entre las fuentes elegidas respecto de su disponibilidad. Interpretar el porqué exigiría medir las propiedades que producen esa diferencia.
Durante la transmisión, una versión A puede transformarse en B con probabilidad y una versión B puede transformarse en A con probabilidad . La frecuencia esperada entre los productos transmitidos es
La ecuación supone dos categorías exhaustivas, tasas constantes y una sola fuente por producto, sin combinaciones entre múltiples modelos, diferencias entre personas ni estructura de red. Con esas simplificaciones se comprueba cómo una mayor probabilidad de elección puede coexistir con transformaciones que cambian el resultado de la copia.
Tomemos , , y . Con , las fuentes A son aproximadamente el 27,3% de las elegidas y, después de las transformaciones, A alcanza el 28,2% de los productos. Al repetir la regla se obtienen las frecuencias de la tabla, calculadas directamente con las ecuaciones.
| Ronda | Frecuencia esperada de A |
|---|---|
| 0 | 0,200 |
| 1 | 0,282 |
| 2 | 0,365 |
| 3 | 0,443 |
| 4 | 0,513 |
| 5 | 0,570 |
La frecuencia converge a aproximadamente 0,736, valor que se obtiene al resolver y conservar la raíz comprendida entre cero y uno. A recibe más oportunidades de transmisión, pero la transformación hacia B mantiene la presencia de esta variante y ambas coexisten con probabilidades distintas de ser elegidas.
Si se elimina la ventaja de elección haciendo , la ecuación se reduce a , cuyo equilibrio es siempre que la suma sea positiva. Una transformación asimétrica puede producir entonces una distribución estable aunque todas las fuentes tengan el mismo peso de elección. Con y , el equilibrio es 0,75.
Los dos ejemplos llegan a frecuencias finales parecidas por mecanismos diferentes. Que A ocupe aproximadamente tres cuartas partes de los registros es compatible con cualquiera de ellos. La semejanza de resultados se convierte así en una pregunta de identificabilidad, que solo se responde registrando qué fuentes estuvieron disponibles, cuáles se eligieron y cómo cambió cada producto respecto de su fuente.
Variación aleatoria y ritmo de renovación
Las ecuaciones anteriores describen frecuencias esperadas, pero en una población finita el resultado de cada ronda puede apartarse de esa expectativa aunque todos utilicen exactamente la misma regla. Si personas adquieren una variante de manera independiente con probabilidad , el número que adquiere A sigue una distribución binomial y la varianza de la frecuencia observada es . Con , la desviación estándar es aproximadamente 0,112 para veinte personas y 0,035 para doscientas, fluctuaciones de muestreo que el modelo genera con participantes de idéntica preferencia.
Cuando la copia se repite en poblaciones pequeñas, esas fluctuaciones pueden desplazar las frecuencias y una variante puede perderse sin tener desventaja alguna de transmisión. Si ninguna transformación la reintroduce y no hay acceso a fuentes externas, su ausencia es permanente dentro del modelo. Interpretar toda desaparición como rechazo por falta de utilidad atribuiría una intención a un resultado que puede producirse por azar. Comparar el patrón observado con una regla de copia neutral ayuda a evaluar cuánto de él exige una explicación adicional.
La independencia binomial es también una suposición. Cuando varias personas aprenden juntas o consultan una misma fuente, sus elecciones pueden estar correlacionadas y el tamaño efectivo del conjunto de experiencias es menor que el número de participantes. Sumar personas que comparten una única demostración puede entonces informar menos que incorporar grupos con demostraciones independientes, porque el modo de exposición afecta a la vez la dinámica cultural y la precisión de la estimación.
La ronda del modelo es, además, una unidad distinta de la generación biológica. Si solo una fracción de las personas actualiza su práctica durante un intervalo y el resto la conserva, la ecuación pasa a ser donde es la regla de elección y transformación ya definida, con . Los equilibrios satisfacen la misma ecuación , pero el ritmo de cambio depende de . Por eso una práctica puede parecer resistente durante un seguimiento breve solo porque pocas personas tuvieron oportunidad de actualizarla, aun en ausencia de una preferencia fuerte por conservarla.
La simplificación anterior deja de ser válida si la probabilidad de actualizar depende de la variante actual. Los usuarios de A podrían revisar su decisión con más frecuencia que los de B, por ejemplo si reciben resultados menos claros o tienen mayor acceso a formación. En ese caso se necesitan tasas separadas. Registrar las oportunidades de revisión ayudaría a distinguir entre persistencia por satisfacción, falta de exposición y restricciones para cambiar de práctica.
La población observada también puede renovarse por entradas y salidas. La frecuencia de una variante aumenta cuando ingresan personas que ya la utilizan, aunque nadie dentro del grupo la aprenda. Estudiar la transmisión local requiere, por eso, identificar los cambios individuales y separarlos de los cambios de composición del grupo. Un registro longitudinal que siga a las mismas personas responde a esa pregunta mejor que dos fotografías de poblaciones con integrantes distintos, porque ambas descripciones, aun siendo correctas, explican procesos diferentes.
Cómo observar una cadena sin inventarle un mecanismo
La arquitectura del experimento depende del mecanismo que se quiere estimar. Una cadena lineal, que conecta el producto de cada participante con la entrada del siguiente, facilita el seguimiento de las transformaciones pero impide estudiar la elección entre fuentes cuando cada participante recibe una sola. En una población experimental con varias fuentes esa elección puede observarse, a costa de complicar la reconstrucción de las procedencias.
Para separar exposición de preferencia pueden presentarse las mismas variantes a todos los participantes y registrarse cuál consultan. La transformación, en cambio, puede estudiarse conservando el material original y comparándolo con el producto transmitido mediante categorías definidas de antemano. Si las variantes son textos, la comparación tiene que atender al sentido, porque una reformulación puede conservar una afirmación mientras una pequeña omisión puede cambiar su alcance. Esa codificación semántica requiere criterios que otros evaluadores puedan aplicar.
Las unidades de replicación relevantes son las cadenas independientes. Diez versiones sucesivas de una misma cadena, que comparten su historia, deben tratarse en el análisis como observaciones dependientes dentro de una sola réplica. También hay que distinguir los cambios dentro de una cadena de las diferencias entre materiales iniciales. Si una historia se transforma mucho y otra permanece estable, la diferencia puede deberse a las propiedades específicas de cada una y no a una regla universal de transmisión.
Un estudio reciente sobre información relativa a grupos mínimos muestra el valor de los controles. Woźniak et al. (2026) encontraron que las frecuencias de rasgos comunicadas disminuían en general a lo largo de las cadenas. Un experimento de control indicó que esa disminución incluía un sesgo de respuesta de nivel más básico y no era exclusiva de los contenidos sobre grupos. Las diferencias entre la información sobre el propio grupo y sobre el otro dependieron de la valencia de los rasgos. El control separó así parte del cambio general de los efectos propios de la pertenencia grupal.
El resultado advierte sobre un error de interpretación frecuente en los experimentos iterados. Si el instrumento introduce una pequeña tendencia en cada respuesta, la repetición puede amplificarla hasta producir un patrón llamativo, estable entre rondas, cuyo origen está en el instrumento. Atribuir ese patrón al contenido cultural exige compararlo con materiales o condiciones en los que la hipótesis no prediga el mismo efecto.
Redes de exposición y ambientes digitales
En una red, las oportunidades de aprendizaje dependen de las conexiones y los horarios. Una variante puede propagarse más por haber alcanzado una posición con muchas salidas, sin que quienes la observan la prefieran a las alternativas. Otra puede mantenerse en una comunidad pequeña cuyos integrantes interactúan repetidamente entre sí. Los datos agregados de frecuencia mezclan esos efectos estructurales con las decisiones de aprendizaje.
Las reglas de selección de contenido que añade una plataforma digital hacen que lo que aparece ante una persona dependa tanto de las publicaciones disponibles como de los mecanismos de distribución. Quien estudia qué mensajes se comparten necesita distinguir publicaciones generadas, impresiones recibidas y decisiones de compartir. Una variante mostrada muchas veces puede obtener muchas transmisiones pese a tener una probabilidad modesta de ser compartida por impresión. Estimar esa probabilidad a partir de la popularidad final exige conocer la exposición.
Los indicadores públicos pueden entrar en la propia dinámica. Mostrar que un contenido recibió muchas visitas cambia la información social de quienes lo ven después y crea una realimentación entre distribución, señal de popularidad y elección. Su efecto podría investigarse comparando la conducta ante contenidos equivalentes con señales asignadas experimentalmente. El diseño tendría que separar la señal de atención de la información sobre exactitud o utilidad, con la misma lógica que distingue atención y desempeño en los estudios de aprendizaje social.
La transformación ocurre también fuera del recuerdo. Editores, usuarios y sistemas automáticos pueden resumir o reformular los mensajes antes de que vuelvan a circular, intervenciones que un análisis de transmisión necesita registrar cuando alteran el contenido. Una versión más breve puede reproducirse con mayor facilidad y, al mismo tiempo, haber perdido las condiciones bajo las cuales una afirmación era válida. Comparar las versiones permite estudiar esa pérdida sin atribuirla de antemano a una intención del emisor.
Estudiar una práctica profesional
Volvamos a la recomendación que circulaba en el equipo. Una investigación podría registrar la versión inicial, los canales de enseñanza y las versiones efectivamente utilizadas, para describir primero quién tuvo acceso, qué pasos conservó cada persona y qué condiciones omitió. Después podrían compararse mecanismos. Una asociación con la antigüedad del instructor sería compatible con prestigio, mayor exposición o asignación de tareas diferentes, posibilidades que solo comparaciones diseñadas para ello podrían separar.
El procedimiento puede evaluarse mediante una tarea simulada donde las personas reciben la misma información clínica ficticia y disponen de recursos equivalentes. En ella podrían variarse la fuente atribuida a la recomendación y el contenido de la explicación. Si la elección cambia al modificar la fuente con el contenido constante, se obtiene evidencia sobre una señal social. Si la conducta cambia al preservar ciertas condiciones de aplicación, se obtiene información sobre el papel de esa parte del mensaje. Los resultados clínicos en pacientes reales requieren, en cualquier caso, una evaluación propia.
La investigación también debería permitir que el receptor cuestione la recomendación. Una tarea que obliga a repetir una instrucción mide la reproducción bajo una restricción específica, mientras que una que admite consultar fuentes adicionales o rechazar la recomendación se aproxima a una situación de aprendizaje distinta. La posibilidad de disentir, el tiempo disponible y los costos de comprobar la información forman parte del ambiente de transmisión. Sus efectos pueden medirse directamente, sin recurrir a rasgos permanentes de las personas para explicarlos.
Si el registro mostrara que las condiciones de aplicación desaparecen al abreviar la recomendación, una intervención pertinente sería enseñarlas siempre unidas al procedimiento. Si, en cambio, las versiones se conservaran pero unas fuentes fueran consultadas mucho más que otras, habría que estudiar esa distribución de la atención. Ambos problemas pueden producir prácticas en apariencia semejantes y exigir cambios diferentes en la comunicación del equipo. Con las versiones intermedias a la vista puede localizarse dónde se produjo la diferencia antes de intervenir sobre toda la organización.
Referencias
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Claidière, N., Scott-Phillips, T. C., & Sperber, D. (2014). How Darwinian is cultural evolution? Philosophical Transactions of the Royal Society B, 369, 20130368. https://doi.org/10.1098/rstb.2013.0368
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